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Radio-Noticias junio

El día en que un operador pidió socorro a la Casa Blanca

El 23 de diciembre de 1972 un terremoto asoló Managua. No había electricidad, ni teléfono ni radio, ni siquiera comunicaciones por satélite

Por Pablo A. Montes

Jueves, Marzo 21, 2013 20:22

Cada mes, cada semana, publicamos testimonios de radioaficionados que han puesto sus equipos y su tiempo a disposición de la sociedad para colaborar en situaciones de catástrofes. Y todos esos momentos son trágicos, pero es cierto que algunos han calado más que otros.

Estamos en la víspera de Nochebuena. Año 1972. En casi todos los rincones del mundo todos se preparan para celebrar una fecha muy especial, las familias se reúnen, los amigos comparten unas horas. Llega la Noche de Paz. Pero en algún sitio no. Managua, capital de Nicaragua. El país atraviesa unas condiciones políticas desastrosas. Anastasio Somoza, Tachito, lleva diecisiete años comandando una dictadura que ha puesto a la nación en conflicto armado. Los sandinistas claman por la expulsión del dictador.

A los muchos problemas que padecen se unirá otro, un verdadero drama. Al mediodía del 23 de diciembre la Tierra se mueve. Managua queda devastada, hay más de diez mil muertos y están afectados el noventa por ciento de los edificios; de la capital queda su nombre y poco más. La ciudad se queda a oscuras, las emisoras de radio dejan de transmitir, las antenas del Intersat han girado hasta 13 grados a causa de la sacudida: no hay comunicaciones ni por satélite. Pocos saben qué ha ocurrido y solo con el paso de los minutos se empieza a tener conciencia de que un terremoto (6,2 en la escala de Richter) ha traído más sufrimiento a un país que malvive entre el lujo, la ostentación y la corrupción que envuelven la dictadura de Tachito y la presión armada del Frente Sandinista de Liberación Nacional, el grupo guerrillero fundado por Carlos Fonseca, hijo del administrador de los bienes de la familia Somoza.

No funcionan los teléfonos, no hay manera de pedir ayuda. El mundo desconoce que en Managua se ha producido semejante tragedia. En el cuarenta aniversario del terremoto, los medios informativos nicaragüenses recogen ahora testimonios que ensalzan la labor de los radioaficionados, entre ellos Fabián Zarrabe, un jesuita que entonces presidía el Club de Radioexperimentadores de Nicaragua y que todavía no ha podido olvidar lo sucedido aquella fatídica noche. En declaraciones al periódico El Nuevo Diario, Zarrabe recuerda que en las primeras horas del día 24 se plantaron en su casa unos oficiales de la Guardia Nacional, precisamente el cuerpo que estaba bajo las órdenes directas de Tachito Somoza.

Se lo llevaron directamente a la vivienda del presidente (aunque en ese momento solo lo era de facto, ya que el país teóricamente estuvo «gobernado» por una junta entre el 72 y el 74), una lujosa finca llamada El Retiro. Allí se encontró cara a cara con el dictador, el hombre que llevaría al país a la ruina, al enfrentamiento ensangrentado, y que moriría asesinado, víctima de su propia violencia, en las calles de Asunción (Paraguay) en 1980. Somoza le ordenó que como radioaficionado lanzase un mensaje de socorro y que intentase contactar con el Gobierno de Estados Unidos, entonces gran aliado de Nicaragua y del que obtenía importantes réditos.

Interrogado por el material que necesitaba para hacer sus llamamientos vía radio, el jesuita le respondió que únicamente su transmisor, energía eléctrica y alguien que le ayudara a tender un dipolo. Al evocar los acontecimientos, Zarrabe explica que en tan solo treinta minutos estaba lazando el SOS en HF. Su señal es escuchada por otros radioaficionados, un mexicano y un venezolano, que hacen de puente para que el pedido de auxilio llegue hasta Washington.

Una hora después cruza las primeras palabras con la capital de Estados Unidos, con la mismísima Casa Blanca, desde donde responden en la banda de 20 metros con una señal muy clara, según rememora el religioso. El mundo se queda estupefacto al recibir poco a poco la noticia gracias a los radioaficionados. Las autoridades estadounidenses comienzan a preparar el dispositivo de apoyo.

En la mañana del día de Navidad los primeros aviones con ropa, medicinas, comida y diversos materiales se posan en lo que queda de la capital nicaragüense. A lo largo del día se unen ayudas que proceden de otros países. Los radioaficionados habían sido las voces anónimas que habían gritado el socorro.

Con un pequeño transmisor y unos metros de cable habían conseguido extender la noticia de la tragedia y salvar muchas vidas. Nicaragua y quienes forman parte de los equipos de salvamento y de ayuda en cualquier rincón del planeta nunca olvidarán su decidida e imprescindible actuación. La radio divierte; la radio también es un elemento de auxilio de primera necesidad.

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